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A veces me he asomado a la terraza de mi casa, en Sant Josep, y me ha fascinado descubrir que todas las personas que pasaban en ese momento por la plaza del pueblo iban descalzas. En Ibiza es natural lo que en otro lugar del mundo resultaría muy extraño.

Desde esa misma ventana, hace unos días fotografié a Naomi Campbell, vestida de blanco Adlib (¿tal vez llevaba un vestido de Charo Ruiz?). La modelo estaba en la mitad de la plaza de Sant Josep observando la belleza de la iglesia y nadie se había fijado en ella. Esa escena, tan normal en Ibiza,  no la puedo imaginar en la Gran Vía de Madrid.  Me fascina comprobar que la vida fluye con otro sentido desde este lugar del mundo.

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Naomi Campbell, en la plaza de Sant Josep, hace unos días

Foto: Silvia Castillo

Tampoco es extraño ver, desde mi balcón, a una chica preciosa con el torso desnudo en la misma plaza, mientras se cambia la ropa interior.

En Ibiza el vestido es la propia piel y el estilismo que triunfa es la libertad, en el sentido más amplio y atrevido.

Tengo que confesar que a mí me hace feliz sentir esa libertad en la piel, ver que en Ibiza la gente te sonríe y también comprobar que la rigidez mental que impera en las grandes ciudades, aquí se derrite como los relojes de Dalí.

En esta tierra de utopías, no hace falta arrastrar tantas cadenas. Por eso el otro día, mientras disfrutábamos de un delicioso día de playa en Cala Codolar, me sorprendió la belleza espectacular de una chica que estaba en la orilla. Me acerqué a ella, me presenté y le pregunté si podía hacerle fotos. Ella, espontánea y dulce, aceptó encantada. En su espalda encontré simetría y misterio, una belleza casi irreal y la intensa luz del Mediterráneo. Cuando me despedí (gracias otra vez, Elena) volví a pensar: Esto es Ibiza.

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Elena, una belleza, en la playa de Cala Codolar (Ibiza)

Foto: Silvia Castillo

En esa playa estábamos con mis amigos ibicencos y también con Teresa y Sudarsan, que viven en Nairobi, y eligen Ibiza para pasar sus vacaciones. Minutos antes  hablábamos, precisamente, de que hay muchos lugares en el mundo para pasar las vacaciones, pero ninguno como este paraíso mediterráneo. Ellos sueñan con que después de Nairobi y Nueva York (tras algunas estancias en Irak, India y tal vez China), algún día conseguirán que Ibiza sea su refugio definitivo, un lugar para vivir.

La magia de gentes de todo el mundo que convergen en esta isla es otro de los encantos de este microcosmos Hippy, Chic & Cool, donde la naturalidad se convierte en arte y la libertad en religión.

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